Turismo sostenible. La única salvación para la fauna y ecosistemas salvajes de Africa

A menudo el turismo es visto como un depredador de la naturaleza salvaje y de los últimos lugares vírgenes del planeta, así como un pervertidor de las culturas locales. Asíi ocurre cuando el turismo es desaforado, sin control, e irrespetuoso con el medioambiente. 

Sin embargo, el turismo, eso sí, responsable y debidamente calibrado, puede ser la única salvación para la conservación de la naturaleza y la fauna salvaje, como sucede en los parques nacionales y reservas de África. En un mundo en el que lo único que cuenta es el beneficio y rentabilidad económica que se le puede arrancar a un pedazo de tierra, el turismo y la sostenibilidad son conceptos que van inevitablemente de la mano.

Durante milenios el ser humano ha luchado con uñas y dientes en pos de dominar la naturaleza para asegurar su propio bienestar, lucha que se ha intensificado notablemente en los últimos siglos, asolando la mayor parte del planeta. Actualmente, comenzamos a darnos cuenta de los efectos y consecuencias que dicho dominio inconsciente ha supuesto para la Tierra y para sí mismo en consecuencia. Por tanto, existe una concienciación creciente en lo que se refiere a la importancia de su conservación. Sin embargo, siempre se ha de enfrentar el mismo obstáculo, el dinero/productividad. Los territorios en estado salvaje, no producen casi alimento, ni minerales, ni combustibles y, por eso, dejan de generar capital para aquellos que los gestionan. Son, en consecuencia, territorios destinados a desaparecer, salvo que se les busque otro tipo de rentabilidad  que no conlleve su destrucción. En muchos países de África, como es el caso de Kenia y Tanzania, no paran de descubrirse día tras día innumerables recursos como metales y minerales preciosos, otros minerales cruciales para la industria actual, como el coltán, o combustibles como gas, petróleo, o uranio. No es solo la minería, también la agricultura en ocasiones aporta mayores beneficios.

Un caso reciente de Kenia,en el que los recursos naturales pueden más que el turismo, lo protagonizan los aguacates. El cultivo de estos frutos amenazan el corredor Mt. Kilimanjaro - Amboseli National Park, a través del que migran 2000 elefantes y otras dos docenas de animales salvajes (ver noticia en Reuters).

 

Otro ejemplo bien conocido en este caso en Tanzania, es el de la Selous Game Reserve. Selous es la reserva más grande de África y alberga la mayor población de perros salvajes africanos (Licaon pictus) en grave peligro de extinción y la mayor población de elefantes de toda Africa Oriental. Perros salvajes africanos (Licaon pictus) en Selous UNESCO nombró la Reserva de Selous Patrimonio de la Humanidad en 1982 y la describe como un inmenso santuario de 50.000 km2, poco alterado por la presencia del hombre, donde vive un gran número de elefantes, rinocerontes negros (aunque en los últimos estudios éstos parecen haber desaparecido como consecuencia del furtivismo), antílopes, jirafas, hipopótamos y cocodrilos. El parque comprende zonas de vegetación muy variadas, desde matorrales densos hasta praderas boscosas abiertas”.

Sin embargo ha tenido la mala suerte de poseer además de todos estos regalos de la naturaleza, uranio bajo su suelo. Actualmente, como era de esperar, está abierto un proceso de modificación de sus límites, para poder así construir minas y explotar el terreno, robándole de este modo al planeta otro pedazo de naturaleza salvaje más (ver noticia en la BBC).

Casos como este son incontables y es aquí, precisamente, donde el turismo puede suponer una gran ayuda. Más que eso puede suponer la última posibilidad para la preservación de la vida salvaje.

También en Tanzania, pero habíendo ocurrido ya en Kenia, en el lago Magadi, existe un proyecto para construir una planta de extración de carbonato sódico que amenzará seriamente la población de flamencos del Lago Natron, y del resto de especies que allí habitan.

 

Estos dos países están llenos de ejemplos como los anteriores. Con un turismo respetuoso, debidamente informado y controlado, puede dársele rentabilidad a un espacio salvaje y asegurar además su conservación. Pero esta es solo una de las formas en las que el turismo puede contribuir con el respeto por la naturaleza. Un turismo como el mencionado anteriormente, aprende a amar y valorar aquello que se vive y se experimenta en un viaje o actividad, lo que contribuye a que dichos turistas se impliquen y se conciencien de la importancia tanto de preservar la naturaleza, como de proteger a las personas y culturas locales. El turismo es fundamental para el flujo cultural, para el intercambio de información entre seres humanos y para aprender a respetar la naturaleza..

En Samaki Safaris apollamos el turismo responsable y sostenible y colaboramos con proyectos que se impliquen en la conservación de la fauna salvaje de África y la integración cultural. Proyectos como por ejemplo el de Ol Pejeta Conservancy, en Kenia, en el que se busca la convivencia entre humanos y fauna salvaje a la vez que se protejen especies en riesgo de extiencion, o como Naboisho Conservancy, en Masai Mara donde se ha transformado a Masais que antes cazaban leones y otras fieras en protectores de los mismos.

Por este motivo, para que podamos seguir disfrutando de los espacios de naturaleza salvaje y beneficiarnos del regalo que supone la biodiversidad, es crucial desarrollar un turismo poderoso y a la vez sostenible, que pueda competir con aquellos intereses económicos que amenacen la fauna salvaje, no solo de Kenia y Tanzania, sino del mundo entero.